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Atrincherados en el vestuario de un club de pueblo,

tres amigos asisten a un funesto acontecimiento.
Mas allá de la puerta, las mozas que llevan café,

música ambiental y sándwiches de miga.
Dentro del vestuario se trama una rebelión invisible contra la apatía pueblerina:
¿Hay una manera correcta de llorar?